¿Un nuevo paradigma que demanda nuevas estructuras?
Responder a esta pregunta nos mueve a mirar con perspectiva histórica; y también muy particularmente los recientes acontecimientos, que han alumbrado nuestra historia reciente; y la emergencia de liderazgos que no obedecen a las prácticas clásicas.
El tema está lejos de ser teórico, o de estar enfocado solo en las mujeres. Este se ha ido enriqueciendo, en el dialogo, las experiencias socializadas de conversatorios y asambleas y en las vivencias, al calor de discusiones apasionadas.
Multiplicidad de puntos de vista han fertilizado su desarrollo, y hoy, se suman también derechos de minorías sexuales como demandas gay, lesbianas, queers, bisexuales, transgéneros o binarios, y otros.
Nuevas convivencias y significados
Todas estas expresiones decantan en la aspiración de construir un nuevo sistema de convivencia, soportado en creencias integradoras: el movimiento feminista es hijo de un ejercicio democrático que “ha pasado” de liderazgos representativos, a validar vocerías, que paso a paso consultan a sus bases construyendo decisiones colectivas. Esta es una práctica que se ha extendido y validado y sobre la cual es importante tomar atención: el movimiento no sexista la refleja y la multiplica.
Podríamos decir que los movimientos no sexista, también están contribuyendo a instalar nuevos significados del “hacer” en política y en sus expresiones, ya que no es poco frecuente que deslegitime estilos y formas de actuar en política que históricamente se han ejercitado.
Declara su afán de construir y profundizar protocolos “vivos”, dando garantías de resguardar los derechos de las mujeres y minorías sexuales a habitar en espacios seguros e igualitarios que promuevan y caucionen la dignidad en un contexto de respeto.
Exigen la co-construcción de estructuras que sostengan estos predicamentos, con carácter de derechos irrenunciables de todos y todas a ser escuchados y escuchadas; a participar en espacios creados para el diálogo permanente, para la ejecución rápida de acciones reparadoras; a participar en la construcción de un nuevo sentido de la convivencia al interior de la sociedad. Todas condiciones para replantear el carácter de “lo Femenino” y “lo Masculino”; y, poniendo en valor las diferencias en tanto expresiones de una sociedad que está cambiando y validando sus cambios rápidamente; y de las que las instituciones públicas, en primer lugar, debiesen ir al frente.
Con todo ello se han puesto a la vanguardia concepciones de acción política desde un protagonismo real, una redefinición de los códigos de acción, la validación de las minorías como hace mucho no percibíamos. Demandan la revisión profunda de los diagnósticos sociales y la erradicación de creencias excluyentes, la generación de una nueva institucionalidad que permee todo el tejido estructural, empujando la construcción de caminos genuinamente transitables para los cambios que la evidencia de una realidad diversa y cambiante requieren.
Los protagonistas
El movimiento sexista, se intensifica tras la determinación de hacerse cargo de las denuncias de desigualdad y acoso sexual no resueltas, planteadas a través de los movimientos de mujeres y otros.
La evaluación es que a pesar de existir declaraciones acerca de la urgencia que ameritan cambios y reivindicaciones, que pudieran ser exhaustivos, las acciones requeridas no terminan por instalarse, ni los apoyos eficaces a víctimas, ni sanciones ejemplificadoras a victimarios: las victimas esperan años, expuestas y sin respaldo.
Al centro de la crítica esta puesta la estructura del tejido estatal, que lejos de dar cuenta de la problemática, la relega a información plasmada en un registro sin fecha de término: o a estadísticas impersonales, que ocultan al ser humano, a las personas de carne y hueso que los justifican.
Un aspecto importante también para entender el carácter y profundidad de esta movilización social, lo constituyen sus propios protagonistas: engrosado por jóvenes entre 19 y 26 años mayoritariamente, nacidos en un régimen ya democrático, muchos ingresados al sistema formal de educación en pre-básica. Instancia ésta, diseñada al inicio de los gobiernos post –dictadura para promover la horizontalidad de las relaciones, validando e integrando expresión de sentimientos, instaurando “el circulo”, como instancia de reflexión; y desarrollando un currículo no sexista.
Así los niños tejen y bordan, aprenden el cuidado de los futuros hijos jugando con muñecas; las niñas se incorporan a juegos y actividades que antes eran vistas como patrimonio masculino: sueñan con ser científicas, constructoras, soldados.
Los padres de estos, entonces, pre-escolares se familiarizaban en escuchar de los maestros de sus hijos, nuevas narrativas sobre la igualdad, la no discriminación y el respeto.
Se estaba gestando una juventud con altos estándares en materia de comunicación. Las redes sociales han hecho lo propio y los soportes tecnológicos, los familiarizan con un ritmo rápido y que espera cambios casi inmediatos.
Cambios Estructurales
Los eventos de acoso y violencia sexual difundidos plenamente por los medios internacionales como el caso de la manada, la caída de figuras poderosas de la cinematografía, las denuncias de abuso sexual al interior de la iglesia católica, entre otras; la pérdida de confianza en las instituciones públicas, en mandatarios, y referentes morales, está contribuyendo a canalizar un sentimiento de indignación generalizado.
Los sistemas y la institucionalidad no han sido efectivos en resguardar la seguridad de grupos más vulnerables y demasiado lentos para resolver los problemas que ello ha creado.
Se requieren cambios estructurales: nuevos paradigmas requieren nuevas estructuras.
Son estos solo algunos aspectos que alumbran la tenacidad y resolución de los movimientos que buscan cambios consistentes en temas culturales y de género en nuestro país. Durante el año en curso sus demandas y su capacidad por sostener su lucha no dejó duda sobre la evaluación acerca de que han cambiado el escenario y con ello han avanzado a un punto en que la institucionalidad entera esta puesta en un desafío histórico; de grandes reformas que involucren definiciones sustantivas.
Estamos transitando un cambio en aceleración; que sin duda deberá construir los espacios, poner a disposición los recursos y condiciones para legitimación de nuevas connotaciones de respeto, cuidado, justicia; y formas renovadas de convivencia igualitaria, alejándose de estereotipos y caricaturas.
este tema me parece un cambio profundo en nuestra mirada.
Los movimientos de mujeres desde sus orígenes han contribuido a enriquecer la mirada acerca de los roles y desafíos sociales de manera transversal.